Una becaria de eveterinaria en la Unne que busca que los terneros pesen más

En un campo de San Luis del Palmar, una investigadora de la UNNE pone bajo la lupa si el momento del parto define el éxito del negocio ganadero frente a un clima que ya no perdona.

Cualquier persona que camine el campo en Corrientes sabe que las estaciones ya no son lo que eran. El manual que usaba el abuelo se está quedando corto: el calor no da tregua, las sequías aparecen de la nada y las lluvias, cuando se las necesita, brillan por su ausencia. En este escenario donde el pasto manda pero el clima confunde, una joven correntina se propuso responder una pregunta que toca directamente el bolsillo del productor: ¿realmente influye el mes en que nace un ternero en su crecimiento final?

El calendario contra las cuerdas

Sofía Sadañosky es estudiante de Veterinaria en la UNNE y no se quedó solo con los libros. Se fue hasta un establecimiento en San Luis del Palmar para entender cómo el cambio en el clima está rompiendo los esquemas tradicionales de la ganadería en el NEA, una región que mueve nada menos que 12,7 millones de cabezas de ganado.

La idea es simple pero clave: el pasto en invierno escasea y es de mala calidad, mientras que en primavera y verano la cosa cambia. Entonces, un ternero que asoma la cabeza en otoño se encuentra con un mundo totalmente distinto al que nace en invierno. Sofía quiere saber si esa diferencia de meses hace que, al final del día, el animal llegue más flaco o más fuerte al momento del destete.

80 terneros bajo la lupa

El laburo de campo no es poca cosa. Están siguiendo de cerca a 80 terneros de raza Brangus. Los dividieron en dos grupos: 40 que nacieron en otoño y otros 40 que llegaron en invierno, todos hijos de vacas que pasaron por inseminación artificial.

A estos animales los pesan todo el tiempo para ver cómo evolucionan y cuánto gramo de carne suman por día. Pero no solo miran al ternero; también chequean cómo están las madres y cuánto pasto tienen disponible para comer en cada potrero. Es un seguimiento cuerpo a cuerpo para entender el contexto real de nuestra zona.

Más kilos, más sustentabilidad

¿Por qué esto debería importarle al productor? Básicamente, por la billetera. Si los datos confirman que una época es mejor que la otra, el productor puede ajustar sus calendarios de servicio para que los nacimientos coincidan con el mejor momento del pastizal. Un ternero que pesa más al destete es, directamente, más plata en la cuenta.

Pero hay un plus que hoy cotiza alto: la eficiencia. Un sistema que funciona mejor no solo es más rentable, sino que también es más «verde», porque emite menos gases por cada kilo de carne producido. En tiempos donde el campo está bajo la lupa por el medio ambiente, este estudio correntino busca demostrar que producir bien y cuidar el recurso natural van de la mano.

El estudio sigue su curso y los resultados prometen dar que hablar en las próximas exposiciones rurales de la región. Por ahora, la ciencia local se mete en el barro para que el campo correntino sea un poco más previsible en un mundo cada vez más caótico.

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