Fin del terror en el Patono: cayó el «Mono», el vecino que tenía un desarmadero y andaba a los tiros

Tras semanas de violencia extrema y denuncias de familias desesperadas, la Policía de Corrientes desbarató el búnker de un conocido delincuente. Ocho motos robadas y armas de guerra eran parte de su botín.

En el sur de nuestra ciudad, el aire se había vuelto irrespirable. No por el calor correntino, sino por el miedo. En el barrio Patono, las familias ya no sabían qué hacer: vivir entre «tumberas», cascoteados constantes y la impunidad de unos pocos se había vuelto la norma. Pero esta semana, la historia dio un giro cuando la Policía finalmente le puso las esposas al principal responsable de que el vecindario no pueda dormir en paz.

Todo terminó de estallar hace unos días. «Mono» Gómez, un hombre de 37 años con un frondoso prontuario, decidió «pasar factura» a unos vecinos. La disputa, que venía de largo plazo, escaló hasta los gritos, amenazas de muerte y disparos al aire. Lo más grave fue la agresión física a una mujer de la zona, lo que activó una denuncia penal inmediata por amenazas y lesiones.

No era un hecho aislado. Los vecinos ya venían denunciando que bandas lideradas por sujetos como «Nino», «Pelela» y el propio «Mono» se dedicaban a robar y hostigar a la gente para que abandonen sus casas y así poder usurpárselas.

Un desarmadero en el fondo de casa

Con la orden de la fiscal Troia Quirch, efectivos de la Comisaría Duodécima y grupos especiales desembarcaron en el asentamiento. Lo que encontraron al entrar a la propiedad de Gómez superó las expectativas: en la parte trasera de la vivienda funcionaba un centro logístico del delito.

La Policía secuestró ocho motocicletas completas y una montaña de motopartes de dudosa procedencia que el detenido no pudo justificar. Además del negocio de los robos, el «Mono» estaba bien calzado: le encontraron un revólver calibre 32 largo y la famosa «tumbera» (arma de fabricación casera) con la que solía amedrentar a los vecinos en los pasillos del barrio.

Un respiro para el barrio

Junto al cabecilla, fueron demoradas otras tres personas, entre ellas un menor de edad que intentó impedir el arresto. El operativo no fue fácil; el historial del Patono registra ataques previos donde incluso policías terminaron hospitalizados por la ferocidad de las emboscadas con piedras y botellas.

Por ahora, Gómez duerme tras las rejas en la Comisaría Duodécima, enfrentando cargos por tenencia de arma de guerra y amenazas.

Aunque el operativo trajo alivio, la tensión en la zona sur sigue latente. Los vecinos esperan que esta detención no sea solo una «puerta giratoria» y que la justicia actúe con firmeza para que el Patono vuelva a ser un lugar donde las familias puedan caminar sin mirar por encima del hombro.

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