El lado más picante de French y Beruti: presión, aprietes y poder en plena Revolución de Mayo
Olvidate de la imagen de Billiken. Eran los dueños de la calle, manejaban una fuerza de choque de 600 personas y metieron el primer «piquete» de nuestra historia para echar al Virrey.
Viste que siempre nos vendieron a French y Beruti como dos señores paquetes, muy prolijos, repartiendo escarapelas celestes y blancas en la puerta del Cabildo. Bueno, lamento arruinarte el recuerdo escolar, pero la realidad era mucho más picante. Estos dos eran, literalmente, los primeros «punteros» de nuestra historia. Si hoy vivieran, seguro los verías movilizando gente en el conurbano o armando la logística de un acto en la Costanera de Corrientes.
Los dueños de la calle y la «Legión Infernal»
Domingo French no era ningún improvisado. El tipo laburaba de cartero, el único que tenía Buenos Aires en esa época. Imaginate: el tipo conocía a todos, sabía quién era quién, qué pensaban y dónde vivían. Un mapa político viviente. Junto a Antonio Beruti —que era abogado pero de armas tomar— armaron lo que se conoció como «la legión infernal» o los «chisperos».
No eran nenes de pecho. Eran unos 500 o 600 tipos armados hasta los dientes con fusiles a chispa que andaban por la ciudad con antorchas, metiendo miedo a los que todavía bancaban al Virrey Cisneros. En el barrio les decían «los manolos» y los opositores los odiaban; decían que les gustaba demasiado la noche, el vino y el juego.
El primer piquete de la historia
Lo que pasó el 22 de mayo de 1810 fue un apriete en toda regla. French y Beruti se pararon en los accesos a la Plaza de Mayo y aplicaron el derecho de admisión. Si eras partidario del Virrey, no pasabas. Los burlaban, los maltrataban y, básicamente, los sacaban carpiendo.
Cuando a French le preguntaron por qué votaba por echar a Cisneros, el tipo soltó una frase que hoy sería tendencia: «Voto por la destitución… yo y 600 más». Estaba avisando que afuera tenía a la «infantería» lista para romper todo si la votación no salía como ellos querían.
Rosca política y el pañuelo de Belgrano
La famosa Primera Junta no salió de un consenso pacífico tomando el té. Fue Beruti el que, en un arranque de furia porque los otros no se decidían, agarró papel y tintero y armó la lista de prepo. Les dijo en la cara que el pueblo ya no les tenía confianza y que, si no aceptaban, se iban a buscar a las tropas a los cuarteles para que la cosa se terminara de una vez.
Incluso tenían una señal por si la negociación fallaba: Manuel Belgrano se tenía que asomar al balcón y tirar un pañuelo. Esa era la orden para que la gente de French y Beruti entrara al Cabildo a los empujones.
Un final lejos de las cintitas
Después de la Revolución, la vida les siguió pasando factura. Beruti, que tuvo un paso por la política del interior siendo gobernador en Santa Fe y Tucumán, terminó peleando en las guerras civiles. French, por su parte, tuvo que cumplir una orden durísima: darle el tiro de gracia a su propio amigo, Santiago de Liniers, cuando lo mandaron a fusilar.
Así que la próxima vez que veas una escarapela, acordate que detrás de esas cintitas hubo mucha rosca, mucha calle y dos tipos que no dudaron en copar la parada cuando la historia se puso brava. Acá en el Litoral sabemos bien lo que es la política de territorio, y parece que la técnica la inventaron ellos hace más de 200 años.

