Buscan integrar Resistencia y Corrientes mediante corredores urbanos
Una investigación de la UNNE propone transformar las rutas y avenidas que nos conectan en espacios para caminar, andar en bici y recuperar el paisaje. El objetivo: que el «puente» deje de ser una barrera y sea el corazón de una gran metrópolis.
Cualquiera que viva de este lado del Paraná o en la vereda de enfrente sabe que el vínculo es constante: cruzamos para laburar, para estudiar o para ver a la familia, pero la realidad es que hoy las dos ciudades crecen casi por inercia. El espacio que las une, ese que transitamos todos los días, fue pensado casi exclusivamente para los autos y los camiones, dejando de lado a la gente.
Pero ahora, un proyecto de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) busca patear el tablero y propone que dejemos de ver a Corrientes y Resistencia como dos núcleos separados por un «no man’s land». La idea es clara: integrarnos de una vez por todas a través de corredores urbanos que sean mucho más que asfalto y semáforos.
Más que rutas para los «fierros»
El arquitecto Tobías Dumke, que encabeza este estudio bajo la lupa de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, plantea algo que suena lógico pero que pocas veces se aplica: las avenidas y rutas que hoy nos vinculan se hicieron para que circulen mercaderías, no para que la comunidad conviva.
La investigación propone que esos espacios intermedios que hoy están fragmentados se conviertan en lugares donde se pueda caminar, recrearse y encontrarse con el entorno natural. No se trata solo de «llegar rápido», sino de construir una identidad metropolitana compartida. Al final, compartimos el mismo aire, el mismo paisaje y casi los mismos problemas.
El plan: del satélite a la vereda
Para que esto no quede solo en una expresión de deseos, el equipo de la UNNE está trabajando en cuatro etapas bien marcadas. Arrancaron con un diagnóstico fuerte usando imágenes satelitales y recorridos de campo para ver dónde estamos parados.
Lo interesante es que no solo miran el tránsito. Van a clasificar los corredores en viales, ambientales y culturales. Incluso contemplan la circulación de la fauna y la flora entre las áreas naturales que hoy quedaron aisladas por el cemento, algo clave para adaptarnos al cambio climático que ya nos está pegando fuerte en la región.
¿Es posible un sistema metropolitano real?
La apuesta es que este laburo pase de la oficina de la facultad a los despachos de quienes toman las decisiones. La investigación busca generar herramientas para políticas públicas que ordenen el crecimiento desmedido de las ciudades y la presión sobre los recursos naturales.
Si se logra, estaríamos hablando de una mejora directa en la movilidad sostenible: menos dependencia del auto, más bicisendas y la recuperación de barrios que hoy parecen estar «del otro lado de la nada». Es, en definitiva, dejar de ser dos ciudades vecinas que se miran de reojo para pasar a ser un sistema metropolitano articulado y, sobre todo, vivible para los correntinos y chaqueños

