«Milei cumplí la ley»: el grito que desbordó la Costanera frente a un presupuesto que asfixia a la universidad
La cuarta Marcha Federal Universitaria fue un termómetro social: miles en Corrientes y Resistencia reclamaron por fondos, mientras los datos del presupuesto 2026 confirman que el ajuste no tiene techo. Los sueldos, en su peor nivel en décadas.
No fue una marcha más. Se sintió en el aire, en los bombos que retumbaron frente al Rectorado y en esa marea de banderas argentinas que copó la Costanera General San Martín. La comunidad de la UNNE salió a la calle con una mezcla de cansancio e indignación, dejando en claro que el reclamo por la Ley de Financiamiento Universitario ya no es solo un debate técnico de oficina, sino un grito de supervivencia.
El NEA se plantó con fuerza
En Corrientes y Resistencia, el aguante fue total. Desde el Museo de Ciencias Naturales hasta el Rectorado, la columna de gente parecía no tener fin. Docentes, estudiantes y hasta vecinos que se sumaban con aplausos desde la vereda le dieron un marco que hace rato no se veía.
El rector de la UNNE, Omar Larroza, no se guardó nada: habló de una «intencionalidad política» del Gobierno para no aplicar una ley que ya fue ratificada incluso por la Justicia. Según Larroza, los trabajadores perdieron casi la mitad de su poder adquisitivo en el último año y las paritarias están, básicamente, muertas.
Los números de la «desintegración»
Mientras en la calle se pedía por la educación pública, los informes sobre el Presupuesto 2026 que mandó el Ejecutivo al Congreso dibujan un panorama negro. El recorte no es una sensación: la función de Ciencia y Técnica caería un 46,4% real comparado con 2023. Lo más fuerte es que estamos llegando a un piso histórico de inversión que no se veía desde el 2002.
Para las universidades nacionales, la torta es cada vez más chica. El presupuesto para educación superior pasaría de representar el 0,718% del PBI en 2023 a apenas un 0,462% en 2026. Es un hachazo que se siente directo en los bolsillos de los que dan clase y de los que limpian las aulas, con salarios que hoy son los más bajos de toda la administración pública nacional.
Estudiar se volvió un lujo
Lo que más duele es escuchar a los pibes. En las facultades de la región, el comentario es el mismo: la plata no alcanza. Con becas Progresar congeladas en 35.000 pesos, muchos chicos del interior tienen que elegir entre comer o pagar el alquiler, y la deserción ya se empieza a notar en los pasillos.
El documento que se leyó al final de la marcha fue demoledor: la inflación voló casi un 300% desde fines de 2023, pero los sueldos subieron menos de la mitad. Es matemática pura y el resultado da negativo por donde se lo mire.
La pelota ahora está del lado de la Rosada y, quizás, de la Corte Suprema, a quien la comunidad educativa ya le pidió que intervenga antes de que el sistema termine de romperse del todo. Por ahora, el mensaje de la calle fue cortito y al pie: la universidad pública no es un gasto, es el futuro, y no están dispuestos a entregarlo sin pelear

