Mil kilómetros a puro pedal: la increíble hazaña de dos correntinos que unieron Itatí con Luján en solo seis días

José Zacarías y Osmar Romero cruzaron medio país impulsados por la fe y las piernas. Llegaron este jueves a la Basílica nacional tras una travesía durísima, donde los recibió una ovación en plena misa.

Lo que para cualquiera sería una locura, para ellos fue un compromiso con la «Tierna Madre». José Zacarías y Osmar Romero, dos peregrinos de pura cepa, acaban de completar una de esas misiones que te dejan sin aliento: pedalearon mil kilómetros para unir los dos santuarios más importantes del país. Salieron el viernes pasado desde los pies de la Virgen de Itatí, en Corrientes, y este jueves, después de seis jornadas de darle a los pedales sin parar, entraron triunfantes a Luján.

Una semana de ruta y devoción

La travesía no fue para cualquiera. Fueron seis días de marcha intensa, donde el clima y el cansancio físico jugaron su papel, pero el motor de estos correntinos fue otro. Romero, que es un conocido instructor de Taekwondo en Itatí, llevó la disciplina del deporte al límite para no aflojar en ningún tramo del camino.

No es solo una cuestión de resistencia física; es esa identidad mariana tan nuestra, tan de Corrientes, que los empujó a seguir cuando las piernas ya no querían más. Cruzar varias provincias en bicicleta para cumplir una promesa o simplemente para dar testimonio de fe es algo que solo se entiende cuando se lleva el ADN del NEA en la sangre.

El momento más emocionante

Al llegar a Buenos Aires, el cansancio se transformó en emoción pura. Los ciclistas entraron a la Basílica de Luján y se encontraron con una estampa difícil de olvidar: las imágenes de la Virgen Gaucha y la Peregrina de Itatí juntas en el altar.

Pero el «mimo» al alma llegó al final de la Santa Misa. El cura que celebraba la liturgia no quiso que su esfuerzo pasara desapercibido y los nombró ante todos los fieles, destacando el sacrificio y el ejemplo que dieron durante casi una semana de ruta. Fue el cierre perfecto para una odisea que arrancó en el calor del litoral y terminó con el aplauso de una asamblea conmovida en Buenos Aires.

Una vez más, el pueblo correntino demostró que, cuando hay fe, no existen distancias ni cansancios que valgan

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *