El pibe de la UNNE que busca «ahogar» al cáncer usando huevos de gallina
Eduen Gross Müller lidera en Corrientes una investigación que promete pruebas oncológicas más rápidas, baratas y sin maltrato animal. El secreto está en una membrana que funciona como «ventana» al tumor.
A veces la ciencia más avanzada no necesita de laboratorios espaciales ni presupuestos de la NASA, sino de ingenio y de lo que tenemos a mano. En los pasillos de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UNNE, en Corrientes, un estudiante está haciendo ruido con algo tan cotidiano como un huevo de gallina. Eduen Ariel Gross Müller no está preparando un omelette: está buscando la forma de estandarizar un modelo que podría cambiar cómo probamos los remedios contra el cáncer.

La idea suena a locura, pero es pura lógica biológica. El objetivo es usar la Membrana Corioalantoidea (MCA) del embrión de pollo para ver cómo reaccionan los tumores ante nuevos fármacos. Es un laburo de hormiga que cuenta con el apoyo de la Dra. Gabriela Olea y un equipo que mezcla medicina y veterinaria para salvar vidas.
Una «ventana» para matar de hambre al tumor
El concepto clave acá es la angiogénesis. Traducido al criollo: los tumores son vivos, y para crecer necesitan fabricar sus propios vasos sanguíneos para «alimentarse» y expandirse por el cuerpo. Si lográs cortarles ese suministro, el tumor se queda sin nafta y deja de crecer.
¿Y por qué huevos? Porque esa membrana que está bajo la cáscara es como un pulmón lleno de venitas que crece a una velocidad impresionante. Es el escenario perfecto para «plantar» células cancerígenas y ver si un medicamento realmente funciona para frenar esos vasos sanguíneos. En apenas 24 horas después de aplicar la sustancia, los investigadores ya pueden sacar fotos, mirar al microscopio y saber qué pasó.
Sangre de Drago: del monte al microscopio
Lo más interesante es que no solo están probando drogas de farmacia como el Paclitaxel. El equipo correntino también puso el ojo en lo nuestro: la «Sangre de Drago» (Croton urucurana), una planta que se encuentra mucho en el NEA y que ya se usa de forma popular por sus propiedades cicatrizantes.
Ya comprobaron que en dosis bajas el extracto de esta planta es bien tolerado por el embrión, pero están analizando si tiene ese «punch» necesario para frenar la formación de vasos tumorales. Es ciencia con olor a tierra colorada.
¿El fin de los ratones de laboratorio?
Uno de los puntos que más pega en la opinión pública es el tema del maltrato animal. Probar fármacos en perros o monos es carísimo, lento y, sobre todo, éticamente muy cuestionado. El modelo del huevo es un golazo por donde lo mires: es barato, los resultados están en menos de una semana y el embrión no siente dolor porque las pruebas se terminan antes de que su sistema nervioso se desarrolle por completo.
«Aunque se usa desde 1911, la deuda era tener un protocolo preciso», dicen desde la investigación. Gross Müller está trabajando justamente en eso: definir dosis, tiempos y condiciones exactas para que cualquier laboratorio del mundo pueda usar este sistema de forma oficial.
Mientras el país discute presupuestos, en los laboratorios de Corrientes se sigue pedaleando. Lo que está haciendo este pibe de la UNNE no es solo un proyecto de graduación; es la demostración de que con un huevo, un microscopio y mucha cabeza, el interior argentino también le da pelea al cáncer

