El Papa León XIV lanzó un fuerte aviso sobre la Inteligencia Artificial

El arzobispo de Corrientes, José Adolfo Larregain, analizó la flamante encíclica «Magnífica Humanitas». El Vaticano busca ponerle límites éticos a la tecnología y advierte que no se puede dejar la vida humana en manos de un algoritmo.

No es un tema solo para expertos de Silicon Valley o científicos de otro planeta. La Inteligencia Artificial (IA) ya está acá, metida en nuestros teléfonos y en nuestro trabajo, y el Papa León XIV decidió que era hora de marcar la cancha. Este lunes se conoció su primera encíclica, y el mensaje es claro: la tecnología tiene que estar al servicio de la gente, no al revés.

En Corrientes, quien se sentó a desmenuzar este documento fue el arzobispo José Adolfo Larregain. Para el prelado, no estamos ante un texto técnico aburrido, sino ante un «hito» que viene a sacudir el debate global. Lo que plantea el Papa es que la IA no es neutral y que, si no tenemos cuidado, puede terminar siendo una herramienta para excluir a los de siempre.

Desarmar la IA para que sea humana

Larregain explicó algo muy interesante en charla con la prensa local: el Papa propone «desarmar» la inteligencia artificial. Pero ojo, no se trata de romper las computadoras o volver a la edad de piedra. La idea es sacarle esas «lógicas de dominación» y ese afán de lucro que a veces parece ser lo único que importa en el mundo digital.

Es como una versión moderna de lo que hizo León XIII con la Revolución Industrial a fines del siglo XIX. Aquella vez fue por los derechos de los obreros; hoy es por nuestra dignidad frente a los algoritmos que deciden qué vemos y qué compramos.

El límite rojo: la guerra y las decisiones de vida o muerte

Si hay algo en lo que el Papa se puso firme, es en el uso militar de la IA. Larregain destacó que para el Vaticano es innegociable: no se puede dejar que una máquina decida quién vive y quién muere en un campo de batalla. Confiar decisiones letales a un sistema automatizado es un límite que la humanidad no debería cruzar.

Pero el peligro no está solo en los drones. El Papa también mira con lupa a las grandes corporaciones. Advierte que los datos y los algoritmos están quedando en manos de muy poquitos, lo que genera una brecha gigante. Si la «moral» de la IA la deciden cuatro o cinco tecnólogos a puertas cerradas, estamos en problemas.

¿Nos estamos volviendo descartables?

El cierre del análisis de Larregain dejó una frase para pensar, muy en sintonía con lo que siempre decía Francisco: el miedo a que las personas terminen siendo evaluadas solo por si son «útiles» o «eficientes». No podemos permitir que una simulación artificial reemplace los vínculos de verdad o que el pensamiento crítico se termine oxidando porque dejamos que una app piense por nosotros.

En Corrientes, la Iglesia ya tomó nota. La IA llegó para quedarse, pero la discusión ahora es quién tiene el control del control remoto. Como dice la encíclica, hay que asegurar que todos tengan acceso a estas herramientas y que los datos no se usen para sembrar odio o desinformación. Al final del día, la tecnología tiene que servir para que vivamos mejor, no para hacernos la vida más injusta.

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